MONTAIGNE, APRENDIENDO DE LOS MALOS


 

“El horror de la crueldad me hace avanzar más en la clemencia que ningún patrón de esta virtud”

Montaigne Ensayos escogidos

Montaigne propone aprender por contraste.

En algunos países, al sur de la frontera,  hay policías que visten el uniforme no sólo por necesidades laborales sino, sobre todo, porque en ellos está la idea de servicio, de valores esenciales para la sociedad.

Lo salarios, y prestaciones,  en estas corporaciones no son tan envidiables. Más se ganaría vendiendo tacos, tamales, hot dogs o hamburguesas, en una esquina, que exponiendo la vida.

El 14/02/2018 se publicó en las noticias de Internet de un policía raso, Daniel Severino Borja Damián, de 24 años de edad, originario del Estado de Guerrero, comisionado en un estacionamiento, que entregó 10 mil pesos que encontró en la calle. Con año y medio de prestar sus servicios laborales en la policía. Le preguntaron cuánto ganaba al mes y dijo que $ 3,350.00.

 Todos conocemos, por los medios, de casos en que un policía de la calle, fue muerto a balazos, por los malos, al tratar de defender a una anciana a la que le iban a robar su bolso. Familia, educación de los hijos, orfandad, todo se trastocó dramáticamente  en un momento…

En religión estos actos son premiados elevándolos la Iglesia  a los altares, así pasen dos o tres siglos, la Iglesia no  olvida. En el caso laico, al que nos referimos, después del discurso elogioso, una semana después el asunto está olvidado.

Tampoco escasea el criterio que, en caso de disyuntiva, mejor decidirse caer en manos de los malos, que en los de algunas  policías…

Aquí están expuestos dos paradigmas. Pero una sociedad en plena inseguridad evidencia que lo que prevalece es el segundo caso.

Tiempos en los que parece que la brújula se descompuso y ya no se sabe por dónde quedó el norte del bien vivir. Es hora de releer a Montaigne.

Empezando por lo que se tiene más inmediato, que es la familia. Algún pensador, no nos acordamos quien, dijo que a la escuela no se va a aprender nada, solo dos más dos y que la em va antes que la pe, que el sujeto, verbo y contenido y cosas así.

Cuando estos niños llegan a la escuela ya van con su mochila llena de buenos propósitos de progreso o, bien, su mochila llena de “bullings escolar”. Y otro pensador, que tampoco nos acordamos de su nombre, dijo que árbol que empieza torcido ni Dios lo endereza.



Dibujo tomado de El País 23/12/2017 
 Ya no nos vamos más allá porque llegaríamos a los determinismos del cielo o lo marcado por la genética o a la Voluntad, ineludible, de Schopenhauer.

Sector grande de la población no lee libros de cultura porque de niños vieron que los padres no leen. El viejo dicho: “Niño golpeado va a ser un adulto golpeador”. “No pago mis impuestos porque en el país hay grandes y sagaces evasores de impuestos”. “Soy viejero porque mi papá es viejero”. Hay otras cien patologías sociales que podemos apuntar.

Montaigne propone aprender del error ajeno. Va en contra de la corriente de pensamiento que dice “Nadie aprende en cabeza ajena”. Dice que esto es echar la culpa a terceros.

 No escribir la novela de la vida en el alter ego, o tercera persona, sino escribirla en primero persona. En otras palabras, no desatenderse de la propia responsabilidad.

Si el niño oye palabrotas de su padre no imitarlo sino hablar correcto. En la sociedad de todos los días, en lo libros, hay ejemplos de esto para que vea el contraste:

“Un lenguaje torcido corrige mejor el mío que no el derecho”, dice Montaigne.

Cuando se dice la  “sociedad”, nadie es responsable. Es como decir “todos”. Todos no tienen rostro. O "El mundo" que todos decimos pero que nadie sabe  quién es ese mundo.

También los que saben  aprenden de los "errores" de los que saben.Hay numerosos y formidables trabajos de filosofía de puro observar los "errores" que, a su juicio, cometieron otros filosofos. Por ejemplo Schopenhauer critica a Kant y lo mismo hace Max Scheler, y J. C. B. Gosling señala cosas a Platón, Patrick Gardiner a Schopenhauer, etc.  

Montaigne dice que voltear la cara para otro lado se paga caro a nivel de sociedad:

“Este tiempo que vivimos  es propicio para enmendarnos por inconveniencia mejor que por conveniencia.”

Explica porque habla así, refiriéndose al contraste de lo bueno, porque es más frecuente lo malo que lo bueno. Sino que lo digan las primeras planas de los diarios.

“Estando poco ducho en buenos ejemplos, me sirvo de los malos, cuya lección es frecuente y ordinaria.”

 
MONTAIGNE

“Michel Eyquem de Montaigne (Castillo de Montaigne, Saint-Michel-de-Montaigne, cerca de Burdeos, 28 de febrero de 1533 - ibíd., 13 de septiembre de 1592) fue un filósofo, escritor, humanista, moralista ypolítico francés del Renacimiento, autor de los Ensayos, y creador delgénero literario conocido en la Edad Moderna como ensayo.” Wikipedia

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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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